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viernes, 17 de octubre de 2014

Pequeño repaso a mi vida

Érase una vez un muchacho con una gran ilusión, un gran sueño. Convertirse en un pintor famoso.
Desde niño demostró su gran talento para las artes plásticas.

El menor de seis hermanos, hijo de unos padres maravillosos, fruto de una noche de un arrebato fornicador de su padre, que despreocupado de dejar preñada a su mujer, se alivió, dejando su semilla, que luego dio lugar a un bestiajo, treinta y ocho años más tarde, de unos ciento cincuenta kilos.

Bonachón, como es estimado en bestias de estos kilos. Difícil de enfadar. De ánimo calmo y tranquilo. Sufrió en su adolescencia de varias crisis nerviosas, que lo mantuvieron en unos raquíticos setenta kilos, para su fornida constitución de pesado esqueleto y gruesos huesos, que se reflejaba en su enjuta cara. Padeciendo interiormente de angustias, depresiones contenidas, un gran sentimiento de culpa irracional, que disfrazaba con payasadas ante sus amigos, ganándose el título de bufón del grupo, que se divertía sólo y contaba chistes que sólo él reía.

Una vez en la Universidad, cursando los deseados estudios de Bellas Artes, y después de un tortuoso camino a través del instituto y mucho sufrimiento, que pasó desapercibido para todo el mundo, incluyendo profesores, amigos íntimos e incluso familiares, y haber estallado en el último curso, siendo ingresado en la planta de psiquiatría de un hospital de un lugar cuyo nombre no quiero acordarme.

Una vez en la Universidad, y tras dos años de medicación, de engordar, de vivir y conocer la vida de zombi drogado y baboso, aturdido por las fuertes medicaciones, se le retiró la medicación, volviendo a recobrar la figura y el brillo en sus ojos.

Mala suerte que después del primer año, y al final de las vacaciones del verano, tuvo otro arrebato de locura, que esta vez fue pillado a tiempo e ingresado por el corto lapso de tiempo de una semana, en otro hospital de otro lugar cuyo nombre no quiero acordarme.

Esta vez, ya medicado, para el resto de sus días, sufrió de paranoias persecutorias, sensaciones de ser observado y de que la gente a su alrededor podía leer su mente y sus pensamientos.

Las chicas con las que convivía en su casa del Albaicín, eran unas chicas modernas que fumaban tabaco de liar y otras cosas que también se lían y te relajan, y te alucinan.

La cosa es que este muchacho que escribe, se puso a fumar ocasionalmente de estas otras cosas que se lían, y obtuvo un efecto positivo, en cuanto a que desaparecían las sensaciones extrañas que he citado más arriba.

El miedo a estas sensaciones, el aturdimiento de las fuertes medicaciones y el fumar de estas otras cosas que se lían, hicieron de este personaje sufrir de miedos que asoció a las clases en la Universidad y al agolpamiento de gente en las aulas. Demasiadas cabezas descifrando sus pensamientos, y demasiada gente que le observaba.

Pasó el verano y fue a visitar a una de estas amigas, de la que estaba enamorado, aunque a causa de la falta de seguridad en sí mismo, no llegó a consumar la relación. Esto ocurrió en la isla donde reina la reina de Inglaterra. Vamos la mismísima Inglaterra.

Tontamente. O de manera romántica, se puso a fumar en serio de estas otras cosas que se lían, que le hacían recordar, tontamente, o de manera romántica, a esta muchacha que tanto le gustaba, pero a la que nunca se decidió declararse.

El mucho fumar de estas otras cosas que se lían, le causó un cocido, una ensalada mental, que le llevó a la más, y a la más grandísima confusión mental, que le llevó de vuelta al hospital en ese lugar de cuyo nombre no quiero acordarme.

Allí pasó un tiempo eterno, confuso, nublado, espeso, extraño y misterioso, en cuanto a desorientación mental, amnesia profunda, corrientes de choque, pruebas de medicaciones, hasta que buenamente la providencia, quiso que recobrara el juicio.

Pero el hecho de ser un artista, el hecho de ser un pintor famoso, una estrella de rock, un famoso de mierda, conllevaba lo que se supone en los estándares de estas cosas: Sexo, drogas y rock&roll.

Hubo sexo, hubo rock and roll, y como no, hubo drogas.

Muchas drogas.

Hasta que esto se convirtió en una pesadilla.

El resto de la historia es largo, pesado y tortuoso.

Pero resumo en que todo salió bien, me recuperé de las adicciones, mi mente volvió a su sitio, aunque ya, lo de las medicaciones es cosa rutinaria, y a las que le debo mi salud mental.

Ya son imprescindibles.

Se rompió mi sueño de ser artista y famoso. De ser un gran pintor, una estrella del Rock&Roll...

Vivo una hermosa vida tranquila, de ermitaño, pero tranquila.

Pinto, si quiero, toco la guitarra, si me apetece. Para mi buena salud mental necesito alejarme de cualquier tipo de estrés, ya sea físico o mental, o de cualquier tipo.

Me toca pintar, perdón, vestir santos, o lo que es lo mismo, ser un solterón. Lo que hace que esté aún más solo, si no fuera gracias a que tengo una hermosa familia de hermanos y unos maravillosos padres, que sin ellos, no tendría a quien ver. Una maravillosa tía, que hace milagros, a la que debo mi hermosa cueva en la que vivo.

Mucho que agradecer a la vida. Encontrar la felicidad. Darse cuenta de que la fama es una mierda. Que lo importante es tener una vida normal, estar contento con lo que se tiene. Disfrutar de cada momento, por pequeño que sea. Disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. El salado de los tomates, el dulce del café con leche, el aire fresco y limpio de la mañana, de los whiskys de los viernes con mi buen amigo Andrés, de los twings de mi guitarra, de la compañía de mis perros, las charlas con mis padres, de los paseos en moto, de los amados cafés con amigos, del frío del invierno y del calor del verano. De una buena ducha con jabón y del olor del agua de colonia.

Me alegro de estar vivo y estar bien.

Me quedan muchos años por delante, y gracias a lo sufrido en el pasado, aprecio mucho más de las cosas pequeñas y he aprendido a no caer en muchos errores.

Un beso a todos, y os quiero.