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miércoles, 4 de marzo de 2015

Tómame con Calma



Hola, queridos amigos:

Os envío este archivo de música en mp3.
Es una canción que he hecho esta misma madrugada.
Batería, Guitarra, Bajo y Voz distorsionada.

La Calidad del sonido no es muy buena, pues el equipo de grabación es casero. De todas formas, es mi intención conseguir ese toque de vieja canción a lo Velvet Underground, distorsionada, confusa... No sé si me hago entender.

Bueno, que la disfrutéis.

Reverendo Juan Montoya López
Ordained Dudeist Priest

jueves, 13 de noviembre de 2014

Un jubileta de treinta y pico

La gente que conozco me dice que no hace falta que siga hurgando en las antiguas heridas. Que no siga escribiendo sobre temas pasados, que están más que retequesabidos. No, no hace falta. Pero insisto en el tema, como para autoreforzarme en mi autodeterminación de seguir una vida alejada de los vicios.

No, señores. Ya hace mucho que no me drogo. Y no, señores. No soy un putero. A pesar de que alguna vez me haya ido de putas. Pero no es algo que tenga como habitual. Es más. El sólo pensar en irme a un puticlub, ya me pone bastante nervioso. No como la primera vez que fui, con dieciocho años, que ignorante de la vida, hambriento de nuevas experiencias y lleno de curiosidad, nos fuimos yo, y un ahora médico de profesión, que entonces se conocía como amigo mío. (El que ahora esté endiosado a causa de su profesión, como en un pedestal a cuyo alrededor está todo el resto de pacientes y mortales, no viene a cuento, aunque quiera hacer hincapié en que mucha gente se vuelve gilipollas con el tiempo, con los bienes materiales, los hijos, la mujer, el coche, la casa y se vuelven estúpidos que ya no te conocen o no te quieren conocer.) a un puticlub con unas señoras putas muy guapas y hermosas, que era todo un gozo que te tocaran el pijo, que estaba más duro que un pan un mes en una bolsa. Pero era algo arriesgado y ninguno sabíamos a lo que nos exponíamos.

El sexo es mucho más agradable con alguien a quien amas, o con una persona que no lo hace contigo por algo a cambio. Que sea algo que se hace voluntariamente, por o sin amor.

Hoy en día, que para ver mi belleza hay que hurgar muy adentro mío y no dejarse llevar por la gordura, sólo se me arriman putas viejas y feas. Y gordas.

Como si a los gordos nos gustaran las gordas. O a los negros las negras. Yo puedo estar gordo y que me gusten las flacas. O puedo estar flaco y que me gusten las gordas (como mi padre). Cada uno tiene sus gustos. Ni los rubios con las rubias, ni los flacos con las flacas o los gordos con las gordas.

Oye, hay chicas flacas y guapas que le gustan los gordos. A pesar de que la moda de hoy sea estar delgado. Cuando era pequeño, que estaba yo regordete, las viejas decían que yo era guapiiiiisimo. Y es que en época de la postguerra, el gordo era el guapo. Y el flaco era el raquítico, el feo. La mujer bella era la gorda. Y la flaca era la seca y la estéril.

Así que, me encanta el sexo. Me gustan las mujeres. No me gustan las putas. Porque a pesar de sus insinuaciones, de sus directas, son frías, están frías y al final, es tan sólo un servicio por el que has pagado. Para eso me la casco y me ahorro un buen cacho de dinero. Y menos después de la última vez que estuve en un puticlub de la zona y me contagié de piojos. Horrible. Yo que nunca tuve piojos, ni de niño en la escuela. Siempre he sido muy limpio y he llevado cuidado con mi higiene personal. ¿Y que me tenga que ir yo a hora de putas y pillar piojos? ¡A la mierda!

No vuelvo de putas. Jamás.

Cochinas, guarras. Y más cochino el dueño del puticlub, que permite esa falta de salubridad en su recinto.

Tras haber comprado mata piojos, echarme varias veces, ducharme otra infinidad, regarme con agua de colonia, no quiero saber lo que sería tener ladillas. Los piojos son ya horribles. Las ladillas tienen que ser una pesadilla.

Y más si pillas otra enfermedad peor. No quiero saberlo.

Cuidado con quién te acuestas.

Prefiero cascármela en la soledad de mi casa. Antes que pillar una mierda de alguna desconocida.

Perdonadme por presentar tan abiertamente todas estas cosas mías tan personales. Habrá quien se horrorice. Pero ¡Vamos! ¿Quien de los hombres que están leyendo esto no ha ido a un puticlub al menos una vez? Aunque no se haya acostado con ninguna puta… Venga!

Me la trae floja que me juzguéis. Pues ya cometo yo mismo el pecado de juzgar a cierta gente. ¿Como voy a evitar que me juzguen ustedes? Y más aún, después de abrir mis intimidades descaradamente.

Vuelvo al principio:

Me dicen que no hace falta que escriba mis intimidades. ¡Ya lo sé! Pero me gusta. Y ya que no tengo la oportunidad de hablar con nadie, por lo menos, lo cuento a los vientos. Todo este tiempo que he estado sin escribir, tampoco se me ha puesto nadie en contacto. Y si he intentado contactar a alguien, nadie ha habido al otro lado del hilo de conversación…

¿Queréis diversión?

Pues aquí tenéis diversión. Leed mis intimidades, regocijáos en mi basura. Mirad la paja en mi ojo. Cómo critico la paja de los ojos de los demás, cuando todos llevamos vigas en los lagrimales.

Echo de menos a mis amigos. Incluyo a las amigas. Amigos y amigas. Que un día estaban ahí, y hoy día ya no están, porque sus trabajos les absorben, les absorben sus nuevas familias y sus nuevas obligaciones.

Yo camino mi camino yo sólo.

Me junto oportunamente con quien quiere beber una copa conmigo. Tomar un café. Charlar un rato. Como un viejo. Un viejo que se ha jubilado y espera ansioso una visita a su casa. Que luego no dejará marchar, porque en el fondo, está deseoso de hablar y hablar sin parar.


Un jubileta a los treinta y pico.

domingo, 2 de noviembre de 2014

Un Joselito en un mundo mejor



 Joselito, de Kiko Veneno, siempre ha sido una canción muy importante para mí. Es la que toco siempre. Y siempre sale a mi mente cuando alguien me pide que toque algo con la guitarra. La he grabado varias veces. Creo que esta es la mejor grabación hasta el momento. Cuando tenía unos veinte años, mi voz no estaba quemada por el tabaco y podía cantar las notas tan agudas como lo hace Kiko Veneno. Pero ya no puedo. Así que tengo que cantarla una octava por debajo. 

 Aquí os dejo este cartel que diseñé, en homenaje a "échate un cantecito":


viernes, 17 de octubre de 2014

Pequeño repaso a mi vida

Érase una vez un muchacho con una gran ilusión, un gran sueño. Convertirse en un pintor famoso.
Desde niño demostró su gran talento para las artes plásticas.

El menor de seis hermanos, hijo de unos padres maravillosos, fruto de una noche de un arrebato fornicador de su padre, que despreocupado de dejar preñada a su mujer, se alivió, dejando su semilla, que luego dio lugar a un bestiajo, treinta y ocho años más tarde, de unos ciento cincuenta kilos.

Bonachón, como es estimado en bestias de estos kilos. Difícil de enfadar. De ánimo calmo y tranquilo. Sufrió en su adolescencia de varias crisis nerviosas, que lo mantuvieron en unos raquíticos setenta kilos, para su fornida constitución de pesado esqueleto y gruesos huesos, que se reflejaba en su enjuta cara. Padeciendo interiormente de angustias, depresiones contenidas, un gran sentimiento de culpa irracional, que disfrazaba con payasadas ante sus amigos, ganándose el título de bufón del grupo, que se divertía sólo y contaba chistes que sólo él reía.

Una vez en la Universidad, cursando los deseados estudios de Bellas Artes, y después de un tortuoso camino a través del instituto y mucho sufrimiento, que pasó desapercibido para todo el mundo, incluyendo profesores, amigos íntimos e incluso familiares, y haber estallado en el último curso, siendo ingresado en la planta de psiquiatría de un hospital de un lugar cuyo nombre no quiero acordarme.

Una vez en la Universidad, y tras dos años de medicación, de engordar, de vivir y conocer la vida de zombi drogado y baboso, aturdido por las fuertes medicaciones, se le retiró la medicación, volviendo a recobrar la figura y el brillo en sus ojos.

Mala suerte que después del primer año, y al final de las vacaciones del verano, tuvo otro arrebato de locura, que esta vez fue pillado a tiempo e ingresado por el corto lapso de tiempo de una semana, en otro hospital de otro lugar cuyo nombre no quiero acordarme.

Esta vez, ya medicado, para el resto de sus días, sufrió de paranoias persecutorias, sensaciones de ser observado y de que la gente a su alrededor podía leer su mente y sus pensamientos.

Las chicas con las que convivía en su casa del Albaicín, eran unas chicas modernas que fumaban tabaco de liar y otras cosas que también se lían y te relajan, y te alucinan.

La cosa es que este muchacho que escribe, se puso a fumar ocasionalmente de estas otras cosas que se lían, y obtuvo un efecto positivo, en cuanto a que desaparecían las sensaciones extrañas que he citado más arriba.

El miedo a estas sensaciones, el aturdimiento de las fuertes medicaciones y el fumar de estas otras cosas que se lían, hicieron de este personaje sufrir de miedos que asoció a las clases en la Universidad y al agolpamiento de gente en las aulas. Demasiadas cabezas descifrando sus pensamientos, y demasiada gente que le observaba.

Pasó el verano y fue a visitar a una de estas amigas, de la que estaba enamorado, aunque a causa de la falta de seguridad en sí mismo, no llegó a consumar la relación. Esto ocurrió en la isla donde reina la reina de Inglaterra. Vamos la mismísima Inglaterra.

Tontamente. O de manera romántica, se puso a fumar en serio de estas otras cosas que se lían, que le hacían recordar, tontamente, o de manera romántica, a esta muchacha que tanto le gustaba, pero a la que nunca se decidió declararse.

El mucho fumar de estas otras cosas que se lían, le causó un cocido, una ensalada mental, que le llevó a la más, y a la más grandísima confusión mental, que le llevó de vuelta al hospital en ese lugar de cuyo nombre no quiero acordarme.

Allí pasó un tiempo eterno, confuso, nublado, espeso, extraño y misterioso, en cuanto a desorientación mental, amnesia profunda, corrientes de choque, pruebas de medicaciones, hasta que buenamente la providencia, quiso que recobrara el juicio.

Pero el hecho de ser un artista, el hecho de ser un pintor famoso, una estrella de rock, un famoso de mierda, conllevaba lo que se supone en los estándares de estas cosas: Sexo, drogas y rock&roll.

Hubo sexo, hubo rock and roll, y como no, hubo drogas.

Muchas drogas.

Hasta que esto se convirtió en una pesadilla.

El resto de la historia es largo, pesado y tortuoso.

Pero resumo en que todo salió bien, me recuperé de las adicciones, mi mente volvió a su sitio, aunque ya, lo de las medicaciones es cosa rutinaria, y a las que le debo mi salud mental.

Ya son imprescindibles.

Se rompió mi sueño de ser artista y famoso. De ser un gran pintor, una estrella del Rock&Roll...

Vivo una hermosa vida tranquila, de ermitaño, pero tranquila.

Pinto, si quiero, toco la guitarra, si me apetece. Para mi buena salud mental necesito alejarme de cualquier tipo de estrés, ya sea físico o mental, o de cualquier tipo.

Me toca pintar, perdón, vestir santos, o lo que es lo mismo, ser un solterón. Lo que hace que esté aún más solo, si no fuera gracias a que tengo una hermosa familia de hermanos y unos maravillosos padres, que sin ellos, no tendría a quien ver. Una maravillosa tía, que hace milagros, a la que debo mi hermosa cueva en la que vivo.

Mucho que agradecer a la vida. Encontrar la felicidad. Darse cuenta de que la fama es una mierda. Que lo importante es tener una vida normal, estar contento con lo que se tiene. Disfrutar de cada momento, por pequeño que sea. Disfrutar de las pequeñas cosas de la vida. El salado de los tomates, el dulce del café con leche, el aire fresco y limpio de la mañana, de los whiskys de los viernes con mi buen amigo Andrés, de los twings de mi guitarra, de la compañía de mis perros, las charlas con mis padres, de los paseos en moto, de los amados cafés con amigos, del frío del invierno y del calor del verano. De una buena ducha con jabón y del olor del agua de colonia.

Me alegro de estar vivo y estar bien.

Me quedan muchos años por delante, y gracias a lo sufrido en el pasado, aprecio mucho más de las cosas pequeñas y he aprendido a no caer en muchos errores.

Un beso a todos, y os quiero.